24 feb. 2015

Caminando en Europa, tropezando en casa

Detrás de una idea, un equipo va creciendo con el paso del tiempo. La idea puede variar de un equipo a otro, pero lo que no cambia nunca es la consolidación que se expresa a través del tiempo. Evidentemente esto no siempre concluye con éxitos; en cada competencia solo un equipo resulta vencedor. Pero a pesar de esto, cuando la idea nos identifique y ese club, bajo nuestra óptica, “juegue bien”, lo recordaremos aunque no sea campeón. Lo que no podemos pasar por alto, y más que nunca en la actualidad, es que lo que se construye con el tiempo, se destruye con el dinero.

Conquistar dos ligas alemanas consecutivas, teniendo al Bayern de Múnich como potente competidor, y ser el equipo sensación de Europa en la siguiente Liga de Campeones, no puede ser nunca debido a la casualidad. Borussia Dortmund, a base de un fútbol que me identificó, consiguió esas cosas. Pero lo que Klopp fue capaz de ir desarrollando, con la presencia en cancha de Götze, Reus y Lewandowski —nombro los ofensivos a modo de presentación y brevedad, pero no por ello desconozco la labor y la calidad del resto—, el dinero del gigante alemán lo fue reduciendo a cenizas.