13 abr. 2015

Cuando la pasión se va

Romperé esta inactividad con una entrada más bien reflexiva, que tendrá al fútbol, y sus consecuencias, como el protagonista. ¿Alguna vez se han puesto a pensar qué sería, para aquellos que nos encanta, la vida sin el fútbol? No lo tendríamos a modo de entretenimiento, en el caso de ser espectadores neutrales, pero tampoco como medio para sentirnos un poco mejor (o peor, en caso de derrota) y disfrutar en caso de que nuestro equipo sea el que juegue, ni tampoco como mecanismo para hacer bromas. Pero si existiera —como existe— y tuviéramos esa preferencia por un club, ¿cómo sería afrontar la perspectiva de que dicho club desaparezca?


La idea de que ciertas instituciones desaparezcan, así como así, dada su importancia y lo fuertemente arraigadas que están en la sociedad, parece imposible. Un caso concreto, en Uruguay por ejemplo, serían Nacional y Peñarol. Evidentemente, la existencia de los demás clubes, muchos de ellos con más de cien años de vida (o cercano a ello), no debería verse amenazada. ¿Pero y si alguno desapareciera, ya fuera por deudas? Quedaría un vacío enorme, eso es evidente. Pero repito, la idea se hace difícil de dimensionar porque parece muy poco probable.