8 ene. 2015

Mundial de Clubes de ocho equipos

La idea de esta entrada no es centrarme en la edición de la competición que coronó como campeón al Real Madrid. En realidad intentará ser una crítica al actual sistema de disputa y, yéndonos un poco más allá de los límites de la realidad, compartir un par de ideas de cómo podría ser esta competición un poco más atractiva de lo que es.


CRÍTICAS

Empecemos por el punto de mayor debilidad que tiene el Mundial de Clubes. Aquí no creo que haya dos opiniones, cada equipo participante —que en su mayoría se gana el derecho de manera razonable, dominando su confederación— posee un nivel bastante diferente y desproporcionado: no tiene el mismo nivel un campeón de Europa que uno de Oceanía (posiblemente la comparación más extrema). Ello no le quita el derecho al “débil” equipo oceánico a participar. Sin embargo, ¿alguien puede explicarme por qué el campeón del país anfitrión, elegido arbitrariamente por la FIFA, tiene el derecho a participar? En las primeras ediciones fue el caso de Japón, y en estas últimas dos, de Marruecos. Podrán decirme que en la edición de 2013 el conjunto marroquí peleó el título, pero esto va más allá de su nivel: ¿merece verdaderamente participar en un Mundial de Clubes?


Al lado del desparejo nivel de los participantes se encuentra la elección de la sede, mencionada brevemente en el párrafo anterior y sin necesidad de decir mucho más que lo antedicho. Para hacerlo medianamente justo, habría que elegir, edición tras edición, un continente diferente. Tal vez (y viéndolo desde una perspectiva económica), el país escogido podría ser el del equipo participante de dicho continente (ejemplo, si en Europa el participante fuera Real Madrid, la sede podría ser España, y si debe ser una ciudad, Madrid). Así no sólo en Asia o África podría disfrutar del fútbol y las estrellas.

El tercer punto que me parece bastante desacertado es la cantidad de partidos. En el afán de “premiar” a Europa y Sudamérica, sus participantes entran en semifinales. Esto posiblemente delate un poco la idea de lo desparejos que son los equipos. Pero si lo vemos desde otra perspectiva, esto se tornará bastante injusto para los demás clubes. Tal vez no sea mucha la diferencia para el campeón de CONCACAF, que sólo disputará un partido más que los europeos o sudamericanos, pero ¿y los otros? Un equipo en un partido no sólo acumula el cansancio de jugar cada dos o tres días, también sumará sanciones (tarjetas rojas, por ejemplo) que lo perjudicarán. Y cuantos más partidos dispute, habrá una mayor probabilidad de que las sanciones le afecten.

PROPUESTAS

Hasta aquí irían las líneas de mis críticas para con el sistema de disputa del Mundial de Clubes. Ahora pasaré a las “ideas” para cambiar el formato. En mente tengo dos: el primero sería, a grandes rasgos, formar dos grupos de cuatro equipos, avanzando los dos mejores de cada uno a semifinales y que a partir de allí se defina el campeón (ya me detendré un poco más en esto). El segundo formato sería, también disputándolo entre ocho equipos, mediante eliminación directa (es decir, como si fueran cuartos de final de una copa).

Pues bien, ¿cómo serían escogidos estos ocho equipos? Antes de responder la pregunta recordaré cuántos juegan ahora: siete. Los respectivos campeones de sus confederaciones (seis equipos) y el campeón del país organizador (que suma el séptimo). Pues bien, en el caso de hacer el torneo de ocho equipos habría que suprimir el cupo del país organizador (lo cual no veo de manera injusta) y sumar los respectivos campeones de las competencias de “segundo orden” de Europa y Sudamérica, la Europa League y Copa Sudamericana, respectivamente. Esto podría considerarse desproporcionado, ¿pero acaso la FIFA no da una señal clara cuando hace que los participantes de estas dos regiones partan directamente desde semifinales? Sea como fuere, así tendríamos los ocho equipos.

El formato de los dos grupos de cuatro equipos (cómo hacer los grupos sería cuestión de ver, aunque de clasificar dos europeos, por ejemplo, deberían eliminarse entre sí en semifinales) tiene el inconveniente de ser un tanto extenso para lo limitado que es el calendario en la época en que se juega el certamen. Por ello lo descartaría, aunque, de poderse, sería una manera bastante interesante.

El segundo formato, es decir, disputar la competición como los cuartos de final de una copa, no tendría demasiados inconvenientes en cuanto a adaptación del calendario. Lo único que haría es requerir al campeón de Europa y Sudamérica unos días antes (lo cual, volviendo a lo anterior, es justo, y disputarían los mismos partidos —potenciales— que todos los demás participantes). La idea sería que sendos participantes de las regiones más fuertes no se enfrenten entre sí hasta las semifinales, en donde, en caso de avanzar ambos del mismo continente, deberían eliminarse entre sí. El motivo de esto es que la final la disputen dos equipos de diferentes confederaciones. ¿Acaso no habría mayor emotividad si en semifinales se replicara una Supercopa de Europa o una Supercopa de Sudamérica? Incluso de no darse, las expectativas creadas con antelación aportarían mucho interés.


REFLEXIÓN

Para finalizar, una brevísima reflexión. A mi modo de ver, el Mundial de Clubes es una idea muy buena que aún necesita ser pulida para convertirse en un certamen más llamativo, incierto y competitivo, por sobre todas las cosas. Con el actual sistema de disputa esperamos simplemente que el campeón de la UEFA Champions League gane sin despeinarse en semifinales y juegue la final a media máquina (hasta marcar un gol y que el partido se abra). Los sistemas anteriormente descritos intentan, en teoría, cambiar un poco esta mecánica conocida, procurando que esto, de darse, sea menos evidente.

Hasta la próxima.


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