26 ene. 2014

Fútbol de película

Cuando era niño me encantaba disfrutar las fantasías que ocurrían en los terrenos de juego en Supercampeones. En aquel animé no sólo había espectacularidad en las definiciones de los partidos y los campeonatos, también estaban los golpes de balón únicos que cada estrella sabía hacer; incluso habían saltos increíbles, donde los jugadores permanecían suspendidos en el aire listos para realizar voleas y chilenas de ensueño.

Si bien lo miré ya con unos años más, no puedo olvidarme de Slam Dunk. Se trataba de un animé que centraba su historia en el básquetbol. Aquí tal vez ya no había tanta “fantasía” como ocurría en presencia de Oliver Atom y sus compañeros o rivales. Incluso hubo partidos donde los “buenos” no pudieron ganar, quedando eliminados. Pero aún así existía cierta carga emotiva.

También quiero destacar, y con esto cierro las menciones, las películas (esta vez dejamos a un lado los dibujos animados y nos centramos en personas físicas) en donde la estrella era un perro llamado Buddy. Recuerdo que la primera que vi, también hace un montón de años, resultó ser que aquel canino tenía cierto afecto por la pelota de básquetbol y una extraña habilidad para acertar en el cesto. También había, en este sentido, algo de fantasía. Lo que no cabe dudas es que hubo fue emotividad.


Pues bien, ¿a qué quiero llegar con esto? A veces hay películas o series (y aquí excluyo a los dibujos animados, porque generalmente es algo intrínseco en ellos) en donde hay competiciones sobre un deporte —cualquiera sea— y el transcurso de los partidos resulta poco creíble. Generalmente hay un equipo “bueno” que debe ganar y comienza perdiendo. O puede arrancar ganando, pero se lesiona su estrella, todo se vuelve en contra y casi al final logra sortear esas dificultades y gana. Como dije antes, puede resultar poco creíble.

¿Y si ocurre en una definición real?

Sunderland y Manchester United se veían las caras por la Copa de la Liga en Inglaterra. Resulta que el primer partido, donde el equipo débil hizo las veces de local, terminó con un sorpresivo 1 a 0 para ellos. La revancha debía disputarse en el “Teatro de los Sueños” de Manchester.

Ahora los quiero transportar al 22 de enero, cuatro días atrás. El partido da comienzo y el gigante inglés, Manchester United, sale a buscar lo que necesita: remontar ese gol adverso del partido de ida. Lo termina consiguiendo al minuto 37 del primer tiempo. Hasta aquí todo previsible o esperable, si se quiere. Así transcurren los noventa minutos del encuentro y tras haber un empate en el resultado global, se debe disputar treinta minutos extras. Aquí comienza la película real.

A falta de un minuto para terminar el tiempo extra Sunderland marca. El Teatro de los Sueños se vuelve una pesadilla para los locales, que miran sin dar crédito lo que acaba de pasar, y el Olimpo para la visita. Se extiende un silencio sepulcral. Para los del United aquello no podía ser cierto. Tenían una mala temporada en liga y una de sus esperanzas, además de continuar en Champions, era llegar a la final de aquella copa. Como si la suerte siempre estuviera de su lado, el mexicano Javier Hernández anota en la última acción del partido con un disparo que, lanzado desde el borde del área pequeña, roza el travesaño. La pelota entra justo, pero entra, acariciando la red.

Los Red Devils respiran aliviados. Acaban de llevar la serie a los penales. Habían pasado un susto terrible. Frente a ellos, un Sunderland que veía sin consuelo cómo se le había escapado la clasificación: como la misma agua que se escurre entre los dedos sin poder evitarlo.

Comienza la instancia desde el punto penal. Sunderland falla el primero. United también. Sunderland falla el segundo. United marca y se pone en ventaja. Sunderland anota el tercero, igualando la serie aunque con un tiro más ejecutado. United falla. Sunderland vuelve a marcar y, por primera vez en aquella definición, se ponía en ventaja. United falla el cuarto. En las gradas hay consternación. Si Sunderland anota ese quinto penal, sella su clasificación. ¡Pero lo malogra! United tiene la posibilidad de lanzar su quinto penal y volver a igualar la serie. ¡Pero también falla!


En una definición increíble, donde se fallaron siete remates y sólo se marcaron tres goles, Sunderland pasa a la final de la Copa de la Liga y deja eliminado al mismísimo Manchester United en su propio estadio: “el Teatro de los Lamentos” desde aquel día.

¿Si hubiera ocurrido en una película o en una serie, sería creíble? Es posible que no. Pero esto es lo maravilloso del deporte, en especial el fútbol: todo puede pasar, incluso lo más poco probable. Y este es tan sólo un ejemplo en donde la realidad parece superar la ficción. Y en donde el fútbol parece de película.


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