17 oct. 2013

Sobre la selección mayor

Uruguay jugaba el último partido de las Eliminatorias sabiendo que tenía la obligación moral de vencer a Argentina, que llegaba con muchos suplentes. El resultado final fue bastante ajustado, pero durante los noventa minutos de juego en la cancha se vio otra cosa. Tal vez previsible, pero reconfortante. Había que hacerlo y se hizo; más allá del resultado, de querer seguir adelante, Uruguay tenía que demostrar su nivel y esta Argentina estaba un par de peldaños por debajo.

Cuando se es superior, al menos desde los papeles, hay que demostrarlo en la cancha. Y esto fue lo que consiguió Uruguay. A pesar de esto, hubo ciertos errores o fallas, tanto a la hora de jugar con la pelota como de contrarrestar el potencial visitante.

Lo que más destaco de la Celeste en ese partido del martes por la noche es la actitud. Se jugó para ganar, mentalizados de que había que superar al rival que se tenía delante. Y eso es positivo, o incluso muy positivo, de cara a lo que se viene.

Se viene Jordania; el quinto puesto en las clasificatorias, y el inevitable repechaje, nos hará jugar un ida y vuelta contra el conjunto un tanto exótico (hablando desde la perspectiva futbolística) de Asia. Desde lo previo somos favoritos, incluso más que frente a esta ‘segunda’ Argentina. No me caben dudas de que si se juega con la misma actitud con la que se venció a los albicelestes, estaremos en Brasil el año que viene. Y de ocurrir esto último seríamos cabeza de serie, dato no menor.

Argentina se las ingenió para hacer daño. Lo consiguió en dos ocasiones con sendos remates de Maxi Rodríguez, un futbolista que a pesar de haber vuelto a su país para jugar en el club de sus amores, Newell’s Old Boys de Rosario, tiene nivel y vigencia del fútbol del viejo continente.

Justamente en los goles argentinos, los defensores uruguayos se resbalaron. Es imposible determinar qué hubiera ocurrido si no pasaba ese “percance”, pero analizar con supuestos una realidad sería poco apropiado en este caso. La cuestión es que los goles llegaron, y automáticamente se debe activar la alarma de por qué llegaron y qué se puede hacer para evitarlos; tal vez no tanto pensando en Jordania, rival sensiblemente inferior, pero sí para tener en cuenta en una contienda mundialista.

Lo otro que puede preocupar —o tal vez no, a algunos—, es el juego que se tiene a la hora de tener la pelota. Uruguay carece de juego colectivo elaborado, juego que requiere una asociación de sus futbolistas. Más allá de naturales combinaciones que podrían surgir por inercia en las casuales posiciones de los futbolistas en el campo, habría que aspirar a una idea más ambiciosa.

No veo una intención de combinarse como equipo, veo una intención individual (tal vez ese sea el plan, pero habría que mejorarlo un poco) de Luis Suárez, Cavani o el Cebolla Rodríguez (sobre todo en el último partido), de ser ellos quienes se buscan, de ir contra el mundo, de buscar espacios y tener a dos o tres marcadores encima y aún así continuar buscándose entre ellos. No sé si logro explicarme, porque puede resultar una contradicción.

Es verdad que estos tres futbolistas se buscan, sobre todo Suárez que las pelea todas, aún estando sólo y marcado, y luego busca descarga. Pero esa presunta descarga luego se transforma en otra de características similares (si quien recibió está marcado), o una travesía individual (si está solo quien recibe y avanza unos metros en el campo). No hay dos o tres opciones de pase, y eso es a lo que me refiero cuando hablo de que Uruguay carece de juego colectivo.

No pretendo un 60% o más de posesión, de que juguemos de una banda a otra (aunque no me disgustaría, siempre y cuando se lo haga con un fin). Sí pretendo que más de tres o cuatro jugadores se sientan capaces de tener la pelota en sus pies e interferir en el juego. Por ejemplo, se vio una diferencia con la salida del Ruso Pérez y el ingreso de Gastón Ramírez (sin éste último haber hecho un gran partido); Ramírez cuando se animó, regateó a rivales y generó si se quiere un desequilibrio por el centro que Pérez o Arévalo Ríos (o los cuatro defensores de atrás, tal vez excluyendo a Maxi Pereira), no pueden hacer. Y Ramírez lo hizo. Recuerdo una jugada donde terminan cometiéndole falta. Eso lo destaco como positivo, es un arma a explotar que Uruguay por lo general no tiene o no utiliza al tener otro tipo de jugador en el medio campo.

Y volviendo a lo anterior, es muy destacable la labor que hizo Rodríguez por la banda izquierda, y hasta aplaudible si se quiere, pero eso puntualmente con él, no podemos pretender que haga esas patriadas todos los partidos porque será relativamente fácil para el rival anularlo. No podemos jugarnos ‘a esa’. Además, no en todos los partidos se tiene ese nivel (ni él, ni Cavani, ni Suárez o los demás), y es aquí donde, en los malos días, la selección se reciente demasiado.

Esto no pretende ser un análisis, ni una crónica de Uruguay-Argentina ni tampoco un artículo sobre el repechaje. Es sólo un desahogo que hago a las 01:35 de la madrugada de un jueves. Quería escribir y esto fue lo que salió, torpemente desordenado, algo confuso, pero salió.

Hasta la próxima.

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