15 sept. 2013

A otra velocidad

La competencia local del fútbol uruguayo está lejos o muy lejos de poder equipararse a la selección nacional. Podemos hablar de uno y mil motivos de por qué ocurre esto. Pero en realidad hoy no quiero centrarme en ello, sino en la manera en que jugamos aquí en comparación a otras ligas del continente.

¿Cómo siento que jugamos aquí? Jugamos a no jugar. Y no es un juego de palabras. Siempre que pueda robarse unos segundos al reponer desde el arco o al sacar un lateral o tras ejecutar un tiro libre, adelantándose la pelota como diez metros si es desde lejos, y sí, todas esas maneras terminan afectando el tiempo real de juego. Nos demoramos una eternidad, consciente o inconscientemente, pero al final lo hacemos.

En vez de buscar seguir la jugada, el jugador —aunque esto no es único de acá, pasa y bastante seguido— está siempre pendiente de caerse al mínimo contacto o incluso antes de éste, o llegar al extremo de provocar el choque para comprar una falta inexistente; y si siguiera, en varias ocasiones así lo parece, la situación con pelota controlada terminaría siendo hasta más beneficiosa para su equipo. Pero pasa.

También está lo otro: discutir cada decisión arbitral. Centrarnos si es amarilla o si no es. La culpa puede deberse también a la manera de dirigir de nuestros árbitros —al margen de si se equivocan o no, que últimamente pasa seguido—. ¿Por qué? A veces una simple infracción ya condiciona al futbolista con una tarjeta. Me pregunto: ¿dos infracciones donde se disputa la pelota sin ánimos de ir directamente a golpear al rival merecen ser expulsión?

Entre ayer y hoy vi dos partidos del fútbol mexicano: América vs Santos y Cruz Azul vs Tigres. Ayer de noche le dije a mi padre “juegan a otra cosa”, tras haber visto unos cinco minutos. Eso bastó para darme cuenta y supongo que cualquiera que ve un juego de aquí y otro de allá, sentirá lo mismo. Otras canchas, otros equipos, más recursos, más competitivo todo en general. No lo sé, pero juegan a otra cosa. Incluso los árbitros dirigen diferente. Incluso hasta el relator y el comentarista resultan simpáticos.

Allá se busca jugar. Es raro ver a un futbolista de ‘mal pie’, cuando aquí la excepción son los de ‘buen pie’ como Ignacio González en Nacional, por decir un ejemplo. Allí hasta el lateral tiene criterio, qué digo lateral, hasta los centrales salen con disposición de mantener la pelota y jugarla al compañero. Después también la manera en que ocupan los espacios. Puede que no haya una presión agobiante, pero se nota claramente como con un poco de marca, o sin ella, los jugadores usan un poco más la cabeza y saben elegir. Y en la mayoría de los casos, los partidos son de ida y vuelta; no veo a un equipo meterse atrás —estando once contra once—, sino que, a su manera, ambos buscan. Y al final, es en esa búsqueda que nace lo emocionante.

Quería compartirles esto ya que es lo que me pasa al ver nuestro fútbol y otros. Cómo un mismo deporte puede jugarse tan distinto aquí, allá, y en otros lugares del mundo.

Hasta la próxima.

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