6 sept. 2014

Once anillos

«EL MEJOR ESCULTOR ES EL QUE MENOS TALLA»
LAO-TSÉ


El libro del que hoy quiero hablarles no lo tenía entre los pendientes para este año pero al verlo en una librería no titubee en comprarlo. Básicamente, en él tendremos la visión del entrenador con más campeonatos ganados en toda la historia de la NBA. Phil Jackson, ese es su nombre, nos introducirá en su mundo deportivo desde antes de ser entrenador propiamente dicho, porque, previo a eso, fue un basquetbolista que llegó a la élite y obtuvo dos anillos jugando para los New York Knicks.

Este tipo de libros, en donde se habla de una figura determinada —en mi caso, he leído sobre figuras del deporte—, no me entusiasman demasiado por algunas razones. Por ejemplo, ¿qué nos aporta, como lectores, que nos cuenten qué cosas ha obtenido si eso lo podemos conocer sin la necesidad del libro? Pero Once anillos, sin dudas, va mucho más allá. En primer lugar, algo que destaco, es que el propio Jackson es quien nos narra las cosas. Si bien esto puede ser contraproducente, porque es el propio actor quien nos cuenta las cosas desde su perspectiva, cabe decir que hay un montón de fuentes (y que muchas personas contribuyeron) para darle veracidad a todo lo mencionado.


De lo anterior se deriva otra cosa, que también considero importante para destacar. No nos quedaremos, tras la lectura, con la mera imagen de un entrenador de baloncesto que ha alcanzado el éxito once veces en su carrera. Podremos internarnos en el Phil Jackson persona desde las continuas menciones a sus padres hasta las referencias, que abundan y son enriquecedoras, que hace del budismo y la meditación zen. Leyendo Once anillos se alimentará el deseo por leer otros libros que menciona Jackson como propias lecturas o que incluso ha recomendado a sus propios baloncestistas. Y este es otro punto a favor.

No veremos el exterior de los acontecimientos, sino el alma de los mismos. Comprenderemos, al menos en parte, cómo piensa, cómo encaraba cada nueva temporada y hacia dónde pretendía ir con cada uno de sus equipos. Veremos la importancia que le daba a la cohesión del equipo, procurando que el todo fuese más que solamente la suma de las partes. Leeremos en varias ocasiones que menciona pasar del estadio tres al número cuatro —entendiendo al equipo como un sistema de individuos—, del “soy genial y tú no” al “somos geniales y tú no”.

A lo anterior habrá que sumarle las continuas intervenciones que los propios dirigidos por Phil Jackson harán. Recuerdo, por ejemplo, las de Derek Fisher, base de Los Ángeles Lakers. También Rick Fox, alero del mismo equipo. Asimismo, varios de sus dirigidos en sus dos tripletes con Chicago Bulls.

«En su búsqueda personal de reinvención constante, Jackson exploró muchos caminos, desde la psicología personal humanista hasta la meditación zen y la filosofía practicada por los nativos americanos. En ese proceso, desarrolló un acercamiento hacia el liderazgo basado en la libertad, en la autenticidad y en la necesidad de creer en el trabajo en equipo por encima de todas las cosas.»

Saber luchar contra el ego de sus superestrellas —o también de aquellos actores secundarios que ansiaban más minutos en cancha— e intentar que el equipo esté concentrado y unido, evidentemente no le resultó una tarea sencilla. Estamos hablando que en sus plantillas tuvo a Michael Jordan, por citar un ejemplo, y también a Kobe Bryant, desde que éste último era joven y un tanto individualista. Ambas estrellas, finalmente, fueron comprendiendo a su entrenador y también confiando en sus decisiones.

No sé si he sabido transmitir la idea que me propuse al escribir esta entrada, pero quiero destacar que este libro es enriquecedor y no es dirigido únicamente a amantes del baloncesto. Que no sólo se hablará de deporte y que, al mismo tiempo, hay muchas cosas que pueden extrapolarse fuera del mundo de lo estrictamente deportivo. Incluso, cuando leemos en parte la vida de este entrenador.

Al principio, antes de empezar, mi mente estaba en blanco y no tenía ninguna expectativa hecha de lo que podría encontrarme. Una vez terminado, estoy satisfecho de haberlo leído. De más está decir que se lo recomiendo.

Será hasta la próxima.

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