2 feb. 2014

La firma de todas las cosas

Hoy vengo a hablarles de uno de los mejores libros que he tenido la oportunidad de leer hasta el momento, y no me estoy refiriendo únicamente al presente año. Su nombre es La firma de todas las cosas, como lo adelanta el título de esta entrada, y la escritora de tamaña obra es Elizabeth Gilbert, quien ha saltado a la fama debido a su best-seller “Come, Reza, Ama”.

La historia transcurre en el siglo XIX mientras se narra la vida de Alma Whittaker, nuestra protagonista. Sin embargo, previo a esto conoceremos parte de la vida del padre de Alma, los largos viajes que realizó y cómo este hombre que nació pobre se volvió rico. Cómo de ser un don nadie, su familia entera estaba destinado a eso, fue acumulando una riqueza que ocultó incluso a sus padres. La ambición hizo que Henry Whittaker no se conformara con el dinero ‘obtenido’ y actuara en consecuencia para hacer crecer su fortuna gracias a la botánica; también construyó una mansión lujosa para la época en Filadelfia, dando así muestras de su poder. Es allí donde Alma nace y crece, en la mansión White Acre (les adjunto un enlace con imágenes de la edificación real en la que se basó Elizabeth Gilbert para la mansión de los Whittaker: clic aquí).

Desde temprana edad, a los cuatro años si no me equivoco, la pequeña Whittaker comienza a recibir una educación constante y exigente de parte de su madre, una holandesa con modales aristocráticos, que persistirá hasta que llegue a la mayoría de edad. Aprende, entre otras cosas, varios idiomas como el latín y el holandés, que suele utilizar con la ama de llaves, además de tener como lengua natal el inglés. Descubre que la actuación o cosas relacionadas al arte no son lo suyo. Pero sí desarrolla un amor muy especial por la naturaleza y la botánica; por la ciencia y la investigación.

A pesar de no ir a la universidad, no estaba bien visto en aquella época que las mujeres realizaran estudios universitarios, Alma terminará siendo una científica, en la práctica, llegando incluso a publicar artículos en revistas especializadas sobre botánica bajo el seudónimo ‘A. Whittaker’. El tema central de su vida en el campo de los estudios fueron sin duda los musgos.

Hasta por aquí prefiero dejar mi ‘resumen’, sobre todo introductorio, de lo que encontrarán en el libro. No me parece necesario mencionar otros sucesos, les quitaría la emoción de leerlos. Entre otras cosas, al leer este libro maravilloso, comprenderán su nombre: ‘La firma de todas las cosas’. Pero también verán, y más profundamente, la vida de investigación de Alma —a mí me resultó atrapante y hasta didáctico en cierto punto—, la vida sentimental de esta mujer, ya sea de joven, adulta o anciana. Hoja a hoja no dejará de sorprenderlos, y cuando parezca que todo está aparentemente tranquilo, algo ocurrirá.

Les dejo ahora la contratapa de este libro:

5 de enero de 1800 
En los albores de un nuevo siglo, en un invierno característico de Filadelfia, nace Alma Whittaker. Su padre, Henry Whittaker, es un explorador botánico audaz y carismático cuya vasta fortuna oculta unos orígenes humildes: comenzó de pilluelo en los jardines Kew de Sir Joseph Banks y de grumete a bordo del Resolution del capitán Cook. La madre de Alma, una estricta holandesa de buena familia, sabe tanto de botánica como cualquier hombre. 
Niña independiente, con una sed de conocimientos insaciable, Alma no tarda en adentrarse en el mundo de las plantas y de la ciencia. Sin embargo, a medida que el minucioso estudio de los musgos la acerca más y más a los misterios de la evolución, el hombre al que ama la arrastra en la dirección opuesta: al mundo de lo espiritual, lo divino y lo mágico. Ella es una científica de mente despejada; él es un artista utópico. Pero lo que une a esta pareja es la pasión compartida por el saber: el desesperado deseo de comprender cómo funciona el mundo, de qué están hechos los mecanismos de la vida. 
La firma de todas las cosas es una novela grandiosa que narra la historia de un siglo grandioso. Recorre todo el mundo, desde Londres hasta Perú, Filadelfia, Tahití o Ámsterdam. Habitada por personajes extraordinarios (misioneros, abolicionistas, aventureros, astrónomos, capitanes de mar, genios y locos), cuenta, por encima de todo, con una heroína inolvidable: Alma Whittaker, una mujer de la Ilustración que se yergue desafiante en la cúspide de la era moderna.

Por lo general intento que cada libro que leo esté representado en una entrada del blog. En este caso no pienso detenerme simplemente en eso. Vuelvo a repetirlo, al igual que en el inicio, este libro es muy maravilloso. Tal vez sea sólo cosa mía, que me gustó mucho y más que otros, o tal vez en parte sí sea muy bueno, pero sea como sea, si tienen la oportunidad, léanlo. Dudo que se arrepientan.

Esta entrada no está ni por asomo a la altura del libro.

Hasta la próxima.


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