22 may. 2014

De qué hablo cuando hablo de correr


Luego de haberlo empezado hace unos cuantos días, hoy puedo decir oficialmente que he terminado de leer De qué hablo cuando hablo de correr, el segundo libro de Haruki Murakami que tengo oportunidad de leer. ¿Por qué luego de haber leído una novela excelente de este autor —Tokio Blues— opté por algo que no es una novela? Sinceramente, no lo sé. Me gustó el estilo de este escritor japonés, me gustó la primera novela que pude leer de él, me agradaron sus personajes —diría que todos, sin excepción—. Sin embargo, cuando leí el título de la obra de la que trata esta entrada, mi curiosidad pudo más.

Podríamos preguntarnos, antes de contarles qué me pareció este libro, por qué Murakami le pone este título. La respuesta la obtenemos en el epílogo del mismo: “me he inspirado en el título del volumen de relatos cortos de mi venerado escritor Raymond Carver, De qué hablamos cuando hablamos de amor. Así, la primera interrogante que podríamos plantearnos, queda respondida.


¿Qué me pareció? Comenzaré diciendo que en realidad no sabía qué podía esperar de este libro. No se trataba de una historia, no se trataba de una autobiografía, no se trataba de nada fácilmente clasificable. Sólo contaba con referencias (suelo buscar un poco de información antes de aventurarme con una lectura); sabía que Haruki Murakami además de ser novelista tenía cierto amor —por llamarlo de alguna manera— por el footing, carreras de fondo, maratones. Este libro va recogiendo fragmentos de su vida, generalmente previos y posteriores a las competencias que ha realizado. Sabremos lo que sintió durante un mega-maratón de 100 kilómetros, sabremos que su primer objetivo en las competencias (ya sean maratones o en triatlón) es terminarla sin importar la posición en que finaliza. Conoceremos también, en parte, cómo es por dentro, qué piensa en esos momentos que le resultan difíciles pero agradables.

Supongo que una manera bastante certera de clasificar este libro es como un compendio de “memorias”. Se tratan de breves relatos, en muchos casos escritos con una diferencia clara de tiempo entre sí.

En lo personal me siento satisfecho al poder identificar ese amor que sentía Watanabe —protagonista de Tokio Blues— por el jazz y la obra “El gran Gatsby”. El propio Murakami regentaba un local de jazz (de allí supongo esa continúa mención). En cuanto a la obra basada en los años veinte del siglo pasado, la considera como una de sus preferidas, incluso llegando a decir que la lee y la relee y no se cansa nunca, descubriendo siempre algo nuevo.

Hace un tiempo recuerdo que leí un artículo (lo busqué hace un rato pero no pude hallarlo) en donde se daba a entender que no era necesario terminar de leer un libro; que si éste cumplía su objetivo de dejarnos algo o, siendo más ambiciosos, de dejarnos «llenos», ya era suficiente. En parte me ha pasado esto alguna vez algo similar, de no querer o no necesitar seguir, sin embargo, así como Murakami tiene como objetivo terminar sus competencias, el mío pasa por terminar el libro. Busco la motivación necesaria, o como sea que le podamos llamar, y lo termino. En el momento en que lo termino puedo valorar esa sensación de «deber cumplido» que me ocasiona haberlo hecho. Supongo que esta sensación puede asemejarse, al menos en cierto grado, con la de terminar un maratón (maratonistas —si es que alguna vez me llegase a leer uno—, no me crucifiquen por esto).

Ahora les comparto la sinopsis o contratapa del libro, para que se hagan una idea mejor:

En 1982, tras dejar el local de jazz que regentaba y decidir que, en adelante, se dedicaría exclusivamente a escribir, Haruki Murakami comenzó también a correr. Al año siguiente cubriría en solitario el trayecto que separa Atenas de Maratón, su bautismo en esta carrera clásica. Ahora, con numerosos libros publicados con gran éxito en todo el mundo, y después de participar en muchas carreras de larga distancia en diferentes ciudades y parajes, Murakami reflexiona sobre la influencia que este deporte ha ejercido en su vida y en su obra.

«Existe un antes y un después en la recepción de la literatura japonesa en España. Ese punto de inflexión se llama Haruki Murakami.»
Elena Hevia, El Periódico

No veo un motivo real para extenderme mucho más de lo hecho hasta acá. Si me preguntan si les recomendaría esta lectura, pues sí, se las recomiendo. Sinceramente no sé si va a ser de su agrado, pero supongo que es una buena oportunidad para conocer “por dentro” a un novelista, viéndolo también desde una perspectiva un poco diferente. En mi caso, me llamó mucho la atención el título y lo que más o menos imaginaba que iba a estar escrito en sus páginas, ya que pensaba tomarlo como un impulso de motivación para comenzar a correr.

Esto ha sido todo por hoy. Hasta la próxima.


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