16 ago. 2014

El fútbol a sol y sombra

Cuando comienzo a leer un libro generalmente procuro terminarlo antes de empezar con otro, pero esto no fue así con El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano. En este caso leí aproximadamente hasta la mitad para luego abandonarlo unos meses —donde proseguí con Los Pilares de la Tierra—, y hace unos pocos días volví a retomarlo para darlo por concluido. Hoy quiero hablarles justamente de este libro cuyo autor es uruguayo y compartirles algunos fragmentos que me resultaron interesantes. 

Todo, absolutamente todo, girará en torno a la palabra «fútbol». Conceptos como “el jugador”, “el ídolo”, “el arquero”, “el hincha”, “el estadio” y “la pelota”, entre muchos otros, serán en un principio desarrollados desde la perspectiva de Eduardo Galeano, un uruguayo futbolero como cualquier otro. En definitiva, este libro puede presentarse como una buena introducción al mundo fútbol, ya que a posterior se irán mencionando los diferentes campeonatos mundiales — desde 1930 hasta el disputado en Sudáfrica 2010—[1] y todas sus repercusiones con bastantes curiosidades que no pueden pasarse por alto. Posiblemente muchas de estas curiosidades llamen la atención del lector y le permitan, a posterior, investigar mediante otras fuentes para obtener una mayor profundidad.


Sobre el fútbol Galeano nos dice lo siguiente: «a medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.» Por supuesto, siempre hay excepciones para esto. Por mi cuenta menciono el ejemplo de Ronaldinho, el brasileño que utilizaba el número diez en su espalda y deslumbraba al mundo con su magia jugando para el Fútbol Club Barcelona. Ronaldinho contagiaba con cada acción que realizaba, cada caricia que le daba a la pelota, y posiblemente hasta personas vinculadas al Real Madrid debieron sentirse alguna vez obligadas a aplaudirle.

Muchos estadios ubicados en locaciones diversas pueden tener palcos de mármol y oro y tribunas alfombradas, como en Arabia Saudita, pero hay muy pocos que son verdaderos monumentos del fútbol. Por ejemplo, dice Galeano, «en Wembley suena todavía el griterío del Mundial del 66, que ganó Inglaterra, pero aguzando el oído puede usted escuchar gemidos que vienen del 53, cuando los húngaros golearon a la selección inglesa». De manera similar prosigue con otros como el Estado Centenario de Montevideo, el Olímpico de Múnich o el Estadio Azteca de México, todos ellos mundialistas.

Avanzando unas páginas más nos encontraremos con una historia bastante llamativa y lamentable. En Ucrania se alza un monumento que recuerda a los futbolistas de Dínamo de Kiev que en 1942 enfrentaron a la selección de Hitler —en esos tiempos Alemania ocupaba territorios ucranianos—, sabiendo además que en caso de obtener una victoria morirían. Con miedo y hambre, los ucranianos terminaron ganando ese partido. Fueron fusilados.

Una historia que no se le pasó por alto a Eduardo Galeano fue la de Abdón Porte, futbolista del Club Nacional de Football en los primeros años del siglo XX. Abdón Porte decidió finalizar con su vida al no poder defender más los colores que tanto amaba. Como un dato extra a esta historia: una de las cuatro tribunas del Gran Parque Central lleva su nombre.

Después continuamos con el segundo descubrimiento de América, las moñas y el gol olímpico, capítulos que son bastante interesantes para conocer un poco más sobre la historia del fútbol.

Ahora me detendré en el Mundial disputado en Alemania en 1974. Hablar de este Mundial es hablar de Holanda y su fútbol maravilloso que sorprendió al mundo entero, y si decimos Holanda, decimos también Johan Cruyff. Este futbolista que lucía dibujado en su espalda un catorce negro sobre el naranja de su camiseta, era prácticamente el eje del equipo. Sumamente técnico, con cambios de ritmo desconcertantes, jugaba y hacía jugar a sus compañeros. El destino no quiso que fuera coronado con una Copa del Mundo, pero ni la ausencia de dicho logro ni nada más hará olvidar el fútbol que su selección nacional realizó en ese Mundial. Alemania fue el campeón, ganando la final a Holanda 2 a 1 y Franz Beckenbauer alzó la copa.

Previo a Cruyff, Galeano se detuvo en Pelé y en otros brasileños que lo acompañaron a alcanzar la gloria con las manos. Posterior a Cruyff, llegó el tiempo de Diego Armando Maradona. Y así el libro continúa avanzando mientras va contando lo principal de cada Mundial hasta llegar al último, disputado, el primero, en tierras africanas.

Para finalizar con esta entrada haré una última cita del apartado El pecado de perder, que me pareció bastante bueno porque en cierta medida da lugar a la reflexión. «Somos porque ganamos. Si perdemos, dejamos de ser.» Y esta parecería ser siempre la consigna, la noción del exitismo que suele estar presente, incluso, en comentarios de los “especialistas” del fútbol. Muchos de estos “especialistas” terminan opinando en función a un resultado, destacando, sin temor de duda, los méritos del vencedor, y enfatizando en los potenciales errores del perdedor. Y terminando siempre por utilizar el término justicia.

El libro se los recomiendo a todos aquellos que les guste el fútbol. Y a quien le gusta leer de todo un poco y no conoce muchos detalles o no quiere tampoco profundizar en demasía, El fútbol a sol y sombra será una buena alternativa para enfrascarse un poco más en el mundo de este grandioso deporte rey que mueve multitudes y que tanta pasión desata y evoca.

¡Hasta la próxima!



[1] La edición que leí fue publicada en septiembre de 2010 y probablemente su novedad sea el capítulo del Mundial de Sudáfrica (2010). Sin embargo, la primera publicación finaliza previamente al Mundial realizado en Francia (1998); a partir de aquí supongo que cada nueva edición ha ido agregando como novedad los respectivos capítulos posteriores.



No hay comentarios:

Publicar un comentario