4 mar 2013

La Caída de los Gigantes

¿Las cosas ocurren por algo o únicamente por casualidad? La Caída de los Gigantes, así se titula un libro que llegó a mis manos de casualidad y ¡vaya si tuve suerte! Se trata de la primera parte de una trilogía escrita por Ken Follet. Es un escrito de más de mil páginas que intenta representar de manera fiel aquellos años tan complicados y bélicos —antes, durante y después— de la Primera Guerra Mundial.

¿Nunca te gustó leer libros de historia pero sí de literatura? Bajo mi punto de vista, La Caída de los Gigantes ofrece una buena ocasión para ahondar en la historia de aquellos turbulentos años sin perder de vista la trama de una gran novela. Personajes ficticios y reales, muy fidedignos en sus continuas apariciones, se van mezclando para dar una representación bastante acertada a lo que pasó en realidad. En el libro no sólo se verá qué ocurrió con los principales personajes de las potencias como monarcas o primeros ministros, también conoceremos la vida de familias humildes, obreras y trabajadoras.

Hay gran realismo y profundidad en los personajes ficticios, sumado a una elaborada coherencia en cuanto a los años, meses y fechas que dieron lugar a las luchas bélicas hasta 1923.

Nombre: La Caída de los Gigantes
Autor: Ken Follet
Género: Novela histórica
Páginas: 1017 (en español)



Argumento

La acción transcurre entre el 22 de junio de 1911, día en que fue coronado Jorge V en la abadía de Westminster y finales de 1924, varios años después de finalizar la I Guerra Mundial. Se mezclan personajes históricos reales como el propio Rey Jorge V, Sir Edward Grey secretario del Foreign Office y Winston Churchill, con otros de ficción como Billy Williams que trabaja desde los 13 años en las minas de carbón de Gales y su padre David Williams destacado miembro del sindicato minero.

La vida de los diferentes personajes se ve trastornada por los sucesos que dieron origen a la I Guerra Mundial y sus trágicas consecuencias. Las familias que forman la parte principal de la trama, se vieron implicadas en los acontecimientos bélicos de una u otra forma.

A través de la narración se puede asistir en directo a intrigas diplomáticas, asaltos a las trincheras enemigas, conversaciones mundanas y pasiones amorosas de personas que vivieron aquellas circunstancias, lo que aproxima al lector a unos hechos que ocurrieron hace casi 100 años y transformaron para siempre el orden europeo y mundial.


Personajes históricos (escrito por Ken Follet)

En estas páginas aparecen varios personajes históricos y, en ocasiones, los lectores me preguntan dónde trazo la línea entre historia y ficción. Es una pregunta razonable, y he aquí mi respuesta.

En algunos casos, por ejemplo cuando sir Edward Grey se dirige a la Cámara de los Comunes, mis personajes ficticios están presenciando un acontecimiento que sucedió de verdad. Lo que sir Edward dice en esta novela se ajusta a las actas parlamentarias, aunque he abreviado el discurso, sin que se haya perdido nada importante, espero.

En ciertos momentos un personaje real va a un lugar ficticio, como cuando Winston Churchill visita Ty Gwyn. En tal caso, me he asegurado de que visitó casas de campo con frecuencia y de que pudo haberlo hecho alrededor de esa fecha.

Cuando los personajes reales mantienen conversaciones con mis personajes ficticios, acostumbran a decir cosas que realmente dijeron en algún momento. La explicación que Lloyd George le da a Fitz sobre los motivos por los que no quiere deportar a Lev Kámenev está basada en lo que escribió Lloyd George en un memorando citado en la biografía de Peter Rowland.

Mi regla es: o bien la escena sucedió, o bien podría haber sucedido; o se pronunciaron esas palabras, o se podrían haber pronunciado. Y si encuentro algún motivo por el que la escena no podría haber tenido lugar en la vida real, o por el que las palabras no podrían haberse pronunciado —si, por ejemplo, el personaje se encontraba en otro país en ese momento—, la elimino.

. . .

En lo personal, fue un libro que disfruté mucho mientras lo leía. Ahora espero ansioso poder conseguir cuanto antes El Invierno del Mundo, la segunda parte de la saga. Según he leído por allí, en dicho libro los acontecimientos comienzan en 1933 y abarcarán varios episodios importantes como la Segunda Guerra Mundial.

Eso es todo por ahora. Nos estamos leyendo.


21 feb 2013

Emoción con altura



En el fútbol existen partidos y partidos. Están aquellos amistosos que sólo se utilizan para ir dando a los jugadores la forma física al inicio de la temporada, para ir aceitando el funcionamiento colectivo del equipo a modo de prueba. También están aquellos que se disputan por una competición, donde al ganar se obtienen tres puntos y al perder nada. Pero dentro de estos donde los puntos pesan, hay otra división: los que emocionan o no. Toluca vs Nacional fue uno de ellos, sobre todo para los hinchas tricolores.

El panorama para el equipo uruguayo no era el mejor. Había empatado en su primera presentación de Copa Libertadores como local ante Barcelona de Ecuador. El equipo en ese primer episodio había mostrado cierto estilo de juego los primeros minutos pero, tras ir en desventaja, faltaron ideas y, aunque se terminó empatando con más ganas e inspiraciones mágicas de algunas de sus figuras, quedaron demasiadas dudas. La segunda presentación sería una visita a México con su bendita altura. Toluca era el rival de turno.

Entrando ya en la madrugada del miércoles, en horario uruguayo, el conjunto de camiseta blanca saltó a la cancha sabiendo que incluso el empate sería muy complicado. Comenzó el partido y la tónica se mantuvo durante el primer tiempo: Toluca tenía la pelota, la movía de un lado a otro, y buscaba penetrar en las líneas formadas por los futbolistas de Nacional. En ese primer tiempo no se tuvo la pelota, cuando se la tuvo, se la despejaba lo más lejos posible. La sensación que a mí me dejó esto fue que de esta manera los jugadores llegarían con menos cansancio para el segundo período. Más pensé en esto cuando faltando un par de minutos para finalizar la primera mitad, el conjunto uruguayo se soltó y llegó a complicar al Toluca.

Nacional a pesar de encontrarse en desventaja, salió con otra actitud para encarar el segundo tiempo. Los cambios que realizó el DT sirvieron para alterar el marcador y la balanza del partido. De Pena por el carril izquierdo y Arismendi imponiendo su presencia le ayudaron al equipo a pararse más arriba; Albín tuvo chispazos de inspiración que sirvieron tanto para que Vicente Sánchez —a mi juicio, la figura del partido con su rendimiento y los dos goles— e Iván Alonso se lucieran y lograran marcar. Alonso, con soberbia definición, colocó el 3-2 que a la postre serían cifras definitivas.

Me detengo en la actuación de Nacional en el segundo tiempo. Ya habiendo medido los primeros cuarenta y cinco minutos iniciales, se dispusieron a ir por más. Se podía ir por más y se fue por más. Hubo ambición. La desventaja se vio igualada tras el primer gol de Sánchez; Toluca, con facilidad, volvió a llegar y marcó el segundo tanto. Nuevamente a remarla de atrás. Lo rescatable es que volvió a poderse. El conjunto local quedó bastante mal parado y los creativos de Nacional tenían buenos espacios que explotar ¡y vaya si lo hicieron!

Ese segundo tiempo no habrá sido brillante en lo estético, pero sí que fue importante desde la ambición y lo que se buscaba. Nacional no se encontró con algo que no buscaba, sino que fue por buscarlo que llegó. ¿Alguien imaginaría que lo íbamos a dar vuelta? Tal vez no, pero cuando el equipo iguala de nuevo y continúa animándose, ¿por qué no soñar? Y finalmente se dio. Los últimos diez minutos fueron bastante jodidos, sobre todo porque lo que estaba lográndose era muy importante y había que defenderlo de cualquier manera. Llegado el pitido final, todos los tricolores —dentro de la cancha, en las tribunas o alentando desde Uruguay u otra parte del mundo— festejaron; y no hay dudas, fue emoción con altura.

13 feb 2013

Pesadilla

Pesadilla se trata del título de la segunda historia que he escrito. En este caso son cuatro los capítulos que conforman este escrito. Como ya hice la vez anterior con Últimos días, he decidido dedicarle una entrada al haberla terminado por completo.



Aquí un breve resumen:

Esta historia narra las vivencias y recuerdos de una joven alemana llamada Isabel. Quien se encuentra en la búsqueda de nuevas experiencias para su vida y las obtiene, aunque no de la manera que lo espera.

Todo empieza en una fría noche de invierno. La joven alemana programa un encuentro con un 'amigo' con la intención de que ocurra algo más que una mera charla. Definitivamente ocurrirá algo más, aunque no de la manera en que lo imaginaba. Tras dicho suceso, su vida cambia de manera considerable.


Se puede acceder a la Historia haciendo clic aquí.

Hasta la próxima.

11 feb 2013

Anhelos de Copa



Mañana martes comienza la segunda fase de la Copa Libertadores 2013. Nacional y Barcelona se enfrentarán en Uruguay, más precisamente en el Gran Parque Central. El partido promete ser una fiesta total dentro y fuera de la cancha. Ya se han acabado todas las localidades puestas a la venta y, además, la hinchada del bolso preparará un gran espectáculo dándole color a cada una de las tribunas con los tres colores representativos de la institución.

El Club Nacional de Football —mío y de la mayor parte del país— aumentará a su historia una nueva participación en la contienda internacional, sumando ya la número cuarenta y, por si fuera poco, agrandando la marca en registros consecutivos en el rubro de participaciones, alcanzando la decimoséptima con la de este año.

El partido de mañana será, además, el primer partido oficial tras los meses de receso. Una lástima ser el único territorio sudamericano que aún no haya comenzado con la actividad doméstica, pero, bueno, esto nos toca a los uruguayos. Nacional ya tiene la oncena definida, aunque no abordaré en eso, sino que en el plantel en general. Han llegado varios jugadores que alimentan la ilusión del hincha —donde de manera inevitable me sumo—; Albín, Alonso y Abreu son sólo algunos.

Buenos nombres se suman al plantel bicampeón, con ciertas bajas lógicas, pero la incógnita de cómo jugaremos, de si estaremos a la altura de las circunstancias, siempre estará hasta que no se debute. En mi caso tengo mucha confianza, mucha fe, de que las cosas saldrán de la mejor manera en un Grupo bastante parejo y complicado, con viajes largos, también algunos cortos pero en canchas duras, y la siempre difícil altura. Habrá que sortearlo todo para que el sueño persista.

Y casualmente, en estos anhelos de copa, debo mencionar un hecho que ocurrió hace treinta y dos años ya, un hecho muy importante en la historia del conjunto tricolor y también para su hinchada fiel y seguidora. Nacional, por aquel 1981, se enfrentaba en tierras japonesas al conjunto inglés Nottingham Forest. El resultado final fue 1-0 y, con gol de Waldemar Victorino, Nacional se consagraría Campeón del Mundo por segunda vez, tras haber obtenido, un año antes, la difícil Copa Libertadores, segunda en su extensa y gloriosa historia.

Cuando viajamos al pasado por estos logros, surge irremediablemente esa ilusión de que vuelva a ocurrir, esas ganas y deseos de que vuelvan a pasar. Por eso, los anhelos de Copa son inevitables.

22 ene 2013

Ilusión sí pero no engaño



He leído y escuchado varias posturas muy diferentes entre sí acerca de la selección uruguaya en el presente sudamericano. La competición disputada en Argentina cuenta con una particularidad que pocas veces ocurre: los albicelestes y Brasil quedaron eliminados en la primera ronda. Al faltar los dos conjuntos que han dominado en demasía los últimos años, los uruguayos nos hacemos una pregunta: ¿para qué estamos? Irremediablemente nace esa sensación de que, por historia, por la ausencia de Argentina y Brasil, debamos recuperar el puesto de privilegio.

Ilusionarnos no hace mal. Más sobre todo porque tenemos, si se quiere, algunos motivos como para hacerlo. Pero principalmente debemos tener en cuenta cómo son las cosas, cómo han transcurrido las cosas, ver nuestros defectos, no engañarnos. ¿Por qué digo esto último? No hay cosa más errática que basar una opinión en función a un resultado, y sinceramente esto es lo que he sentido al leer o escuchar a varios periodistas. Me dirán, no es sólo un resultado, son varios. Me dirán, también, que tenemos gol, que mejorando la defensa, ya seremos prácticamente invencibles.

No, no y no. Tenemos gol no porque tengamos una gran ofensiva, tenemos gol, si se quiere, porque tenemos individualidades muy buenas que en situaciones aisladas terminan definiendo y marcando. A no confundir: debemos ser el equipo con más goles, sí, pero no por eso somos el equipo que mejor ataca, o que mejor distribuye, o que mejor controla la pelota o los partidos en sí. Primero que nada, porque casi no tenemos la pelota, cedemos el protagonismo en todos los partidos, y eso indica algo, no muy positivo que digamos.

Si a la falta de juego colectivo, de no poder poseer la pelota y distribuirla de buena manera, le sumamos que también fallamos a la hora de defender, donde no hablo únicamente de los cuatro del fondo, sino del sistema defensivo del equipo en general, digamos que tenemos varios puntos débiles. ¿Acaso por qué sufrimos en todos los partidos? ¿Por qué empatamos en el debut con Perú, o cómo le ganamos a Brasil, o cómo terminamos empatando con Ecuador o mismo con Venezuela? Es verdad, en el hexagonal empezamos ganando, pero no es que hayamos impuesto nuestro juego sobre el de los peruanos. Ocurrió lo mismo de siempre: escaso control, error defensivo —donde termina en gol—, un poco de suerte —una pelota que pega en el palo y cruza todo el arco por detrás del arquero—, y bombazos para adelante y resolución de clase de nuestros jugadores de adelante —véase lo que hace el Diente López, quitándose el portero de encima y pegándole luego de aire.

¿A qué quiero llegar con esto? Que sí, clasificamos, pero ¿cómo? Con una victoria, bastante casual diría, porque ya parecía un empate sellado y llega esa situación aislada de Laxalt, gran corrida suya, donde termina habilitando a López y éste definiendo; y tres empates, ¡tres empates! Y si me dicen “tuvimos mala suerte, merecimos ganar en alguno”, podría decir con plena sinceridad: “mientes pésimamente mal, amigo”. O sea que colectivamente hablando, Uruguay ha sido muy pobre, muy pobre. Pero tenemos la suerte, y no muchas veces la hemos tenido, de contar con jugadores de gran clase: López, Rolan, sumaría a Gonzalo Bueno, aunque no ha jugado por lesión, sumados también a otros que con destellos individuales han aportado bastante al equipo.

Hemos conseguido resultados, hasta el momento, relativamente buenos —digo relativamente porque tres empates y una victoria no es algo de otro mundo tampoco—, pero a nivel equipo, juego en equipo, ya sea para ofender o defender, poco y nada. Y que quede claro algo, si exijo es porque se supone que el entrenador de la selección tuvo un gran plazo para entrenar a estos jugadores, para formar una idea de equipo, idea que hasta el momento, tras cinco partidos del certamen, no he logrado descifrar, y eso me preocupa, me preocupa mucho.

Por ello, y tras lo bueno y lo malo, sí es válido que nos ilusionemos, porque tenemos con qué, tenemos gran calidad; pero engañarnos, no, eso no. No somos ni invencibles ni hemos expuesto un juego superior al de las otras selecciones. Pies en la tierra, por favor, y ojalá se dé, ya sea la clasificación al Mundial, cuatro plazas para seis equipos, y, obviamente, el sudamericano, el primer lugar. ¡Ojalá se dé!